- Yo me llamo Jessica – Explico la Joven – Él es Kai – Dijo mientras señalaba al chico de chaleco – Él es Noa – Refiriéndose al Grueso – Y finalmente… él es Alex (Con una obvia referencia a que se trataba del flaco y alto)
- Yo me llam…
- Ya lo sabemos… Jimmy ¿Verdad? – Dijo Alex – Tomas nos dijo todo sobre ti… - Mire con cara de odio a Tomas, instantáneamente el dio vuelta el rostro, intentando evadir la culpa – Ahora Jimmy… Necesitaras un arma si piensas unirte al grupo – Dijo mientras me observaba
- ¿Un arma? – Pregunte
- Si, cada uno tiene su propia arma… Eso depende de que tan bien te manejes y la comodidad de cada uno… -
Todos tomaron cada uno la suya; Tomas poseía el rifle que ya varias veces había visto, Jessica tenía dos pistolas plateadas que le iban muy bien con su ropa negra. Alex cargaba una gran ametralladora, en cambio Noa tenía un lanza explosivos, el cual podía cargar con facilidad aunque pareciese imposible. ¿Y Kai? Kai aún no dejaba ver su armamento, estaba apoyado contra una pared, con su cabello tapando sus ojos y con sus manos en sus bolsillos. Una pose bastante genial debo aceptarlo.
- ¿Y yo que instrumento tendré entonces? – Curiosee
Jessica se quedó mirándome como tonta durante unos segundos mientras pensaba en una respuesta;
- No lo sé… No pareces ser del tipo que manejaría un rifle, y menos armamento pesado… - No savia como tomar eso – Creo que ya lo tengo, lo que podrías manejar… - Dijo para luego dar la vuelta y caminar hacia una habitación oscura.
Yo la seguí por detrás, como un sabueso sigue a su dueño. Entramos en un cuarto, Jessica encendió la luz, miles de muebles y repisas repletas de armas y municiones, igual de grasiento y sucio que la habitación en que Klaus y los demás se encontraban
- Ven – Exclamo ella
Yo me acerque lentamente. Ella dio la vuelta, sostenía dos pequeñas pistolas, acompañadas de un cartucho cada una;
- Un par de Walther P99… - Dijo ella orgullosa de su hallazgo. Yo acerque mis manos y las tome – Creo que te vendrían muy bien…
- Son cómodas… - Dije en voz baja
- Claro que si… - Dijo ella – Ahora ven, probémoslas…- Ambos comenzamos a caminar hacia una sala bien iluminada y de suelo blanco que se hallaba justo por detrás de la que me encontraba.

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