domingo, 21 de junio de 2015

El Corazón de un Homicida Capítulo 4: La mujer del vestido blanco

Cruzo la calle, entro al enorme edificio, y tomando el ascensor subió a la azotea de este mismo. Era una Joven de unos veinte años, cabello negro, vestido blanco y pies fríos y descalzos.
La Joven dio vuelta su rostro, dos lágrimas caían de ellos
  • ¡No intentes detenerme! – Dijo ella - ¡No lo conseguirás! - Exclamo devolviendo la vista a la lejanía del camino
  • No he intentado nada… - Respondió Andrei – ¿Y realmente piensas lanzarte de allí?
  • ¡Sí!… ¡No aguanto más vivir en este mundo!
  • Conque si… ¿Eh? – Reafirmo Andrei – Entonces vamos, hazlo… Lánzate - Ella devolvió la mirada hacia Andrei, pero esta vez sorprendida
  • ¡Lo hare! ¡Ya lo veras! – Grito ella – Y no podrás detenerme – Sus pies descalzos se acercaron unos centímetros al precipicio y luego de unos momentos su cuerpo estaba balanceándose hacia adelante.
Un fuerte grito fue todo lo que se oyó… Su cuerpo estaba a punto de caer cuando de repente Andrei tomo su brazo y la sostuvo con fuerza
  • Dejaría morir a cualquiera que realmente lo quisiera … Pero nunca a alguien que después pudiera arrepentirse de ello… - Explico Andrei, las lágrimas de la Joven comenzaron a caer desde aquella altura
  • Ni siquiera me conoces… ¡No tienes manera de saber si me lamentaría!
  • Si… Tu mirada me lo dice – Exclamo Andrei subiéndola nuevamente hacia la Terraza… - Esos hermosos ojos, son los de alguien que teme morir, que solo intenta escapar de toda la mierda en este mundo – Ella quedo boquiabierta
Andrei termino de subir a la mujer, la coloco sobre el suelo y dijo:
  • Si intentas escapar de la mierda, llámame a mí – Dijo Andrei tocando su nariz contra la de ella – En ese momento yo te ayudare
  • Está bien… - Respondió silenciosa y tímidamente. El alejo su rostro del suyo y se puso de pie
  • Ahora vamos – Dijo el – Levántate
  • ¿A donde vamos? – Pregunto ella
  • Es obvio… No puedo dejar a alguien que intenta matarse, caminar por la calle sola… Te acompañare hasta tu casa
  • Está bien – Respondió ella con una pequeña sonrisa

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