jueves, 31 de marzo de 2016

Relato de un Imperio Capítulo 7: Acorralados

Un estallido tras otro, las balas impactaban contra el armazón de los autos, haciendo estallar las ventanas desde ambas veredas. Un chorro de sangre, posteriormente una caída y el rebote de una pistola en el suelo, esto se repetía cada vez que uno de ellos caía. La camisa encastrada en sangre, la familia del lado oeste se defendía del repentino ataque de los Maderos, vecinos territoriales y enemigos desde un comienzo.
Media docena de autos había acorralado ambos vehículos de la familia del lado oeste, comenzando un ataque a media jornada e impidiendo su paso ya hacía más de una hora. Los disparos seguían sonando, solo cinco miembros del lado oeste batallaban contra decenas de personas, armadas hasta los talones y siendo identificados por su siempre camisa blancuzca.
La cabeza de la familia, Riugato Valdamone, era asistido por su mano derecha, John Cortez, quien cuidaba en todo momento de su jefe. Eran tiempos duros para la familia, y esta guerra no era algo nuevo, venía desde hace meses que la familia Maderos intentaba tomar su territorio. Esto dejando de lado la crisis económica y una reciente masacre en su territorio de parte de la milicia. Todo esto sumado al endeudamiento del grupo.
Riugato, quien tampoco se hallaba en perfecto estado hablando de salud, gatillaba su pistola una y otra vez, haciendo caer uno, dos y luego tres de sus enemigos, quienes salían de sus refugios y lanzaban un ataque cara a cara, Esto solo para encontrarse con una penosa y hasta cómica muerte.
De repente una sirena comenzó a sonar en las cercanías:
  • ¡Rápido! ¡Acaben con todos y escapemos ya mismo!
Exclamo John, para en ese momento ponerse de pie, acabar con un par de contrarios y subirse con rapidez a su vehículo en pésimo estado. El motor se encendió de inmediato, y fuera del él todos los refractarios fueron consumados. El vehículo comenzó a moverse y segundos después giraba en la esquina de la calle.
Por detrás, el segundo auto de la familia seguía su paso por la calle, siendo perseguido a la vez por una patrulla que más por detrás hacía sonar la ya conocida sirena. Un disparo, el oficial salio por la ventana y presionó el gatillo. De inmediato la bala atravesó la ventana del segundo vehículo, haciendo saltar miles de fragmentos de vidrio.
El conductor, desesperado por el desastre en que se hallaban envueltos. Giró con rapidez, tomó su pistola y siguió el juego del policía. Un disparo en el parabrisas de parte del pistolero. El oficial se colocó en posición y segundo después una bala perforaba la frente del conductor. El vehículo dio un brusco giro y estalló contra uno de los muros:
  • Perdimos a Martin… - Exclamó Riugato

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