sábado, 26 de marzo de 2016

Relato de un imperio Capítulo 2: Cuando todo inició

El joven miraba fijamente el espejuelo, las gotas caían una tras otra sobre él y regaban la superficie, distorsionaban la imagen. En su salón el ruido era abundante, los niños chillaban vigorosamente, su profesora remachaba las frases trazadas en el texto:
  • … Paul, Paul… - Escuchó de momento
El joven volteó su rostro, George, su compañero lo miraba firme:
  • ¿Qué quieres? – Preguntó el Joven
  • ¿Estás bien?, parecías cansado
  • Estoy bien…
Paul giró nuevamente y colocó su frente en la sofría ventana:
  • … Recuerda que hoy debemos ir a casa de Eric… - Dijo George al instante - ¡Paul!
  • ¿Qué?
  • Debemos ir a casa de Eric…
  • Ah, si… - Respondió sin mucho entusiasmo para luego ubicarse en la misma posición
Era una tarde nublada, una leve brisa corría en el ambiente, las plantas y el suelo estaban empapados por la reciente llovizna. El joven Paul y George se hallaban en la puerta de Eric, un alumno de su misma escuela, un año adelantado a ambos, de personalidad muy callada y a simple vista parecía tener propensiones suicidas o hasta homicidas. Dos toques bastaron y en unos segundos la puerta se abría lentamente y Eric se asomaba a ella:
  • ¿Ya están aquí? – Dijo Eric en voz alta pero para sí mismo, cosa que diariamente solía hacer – Pasen…
Eric se hizo a un lado y ambos entraron a la sala. Un tono infausto, colores negros y paredes oscuras, pequeñas lámparas y grandes cuadros. Los tres subieron una escalera de madera que se hallaba a solo metros de la puerta principal y se encontraron en una pequeña habitación:
  • William llegó hace un rato – Explicó Eric - Nos adelantamos un poco mientras los esperábamos…
En la esquina de la habitación, un niño rubio, de grandes gafas y una pequeña sonrisa se hallaba sentado frente a una gran pantalla, tecleando a una velocidad monstruosa el teclado bajo ella. George y Paul entraron a la habitación y se asentaron en un enorme sofá de cuero apoyado en una de las paredes.
Las horas pasaron. George y Eric se topaban frente a un cuaderno, realizando anotaciones y hablando entre ellos cada tanto. William seguía en la computadora, tecleando una y otra vez como no dejaba de hacer desde la llegada de ambos. Y, Paul, meneaba la mirada de un lado hacia otro, intentando encontrar algo con que entretenerse.
En ese momento algo saltó a la vista, grandes hojas de papel sobresalían detrás de un armario, eran de un color muy opaco y parecían haber sido escritas anteriormente. El joven se colocó de pie y lentamente caminó hacia ellas. Las tomó de una punta y las sacó de un tirón, repentinamente las tres hojas se abrieron completamente y grandes dibujos asimétricos y llenos de observaciones surgieron…

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