Morian caminaba lentamente hacia Mukamoto, con su mirada fija en él, y manteniendo sus espadas con fuerza. Mukamoto se levantó de repente, tomó su espada y con rapidez se lanzó al ataque. El viejo alzo la vista un minuto y plantó cara al enemigo. Nuevamente la batalla se compuso de chispas que saltaban de un lado al otro, provocando un sonido agudo y un resplandor ardiente. Pero no pasó mucho tiempo hasta que esto acabara
Mukamoto dio un salto y retrocedió con rapidez, pero el tiempo se hizo corto y en instantes las siete filosas atravesaban su cuerpo. El viejo hincó una sonrisa en su rostro y riendo entre dientes mientras observaba el dañado cuerpo del adversario. De repente su cabeza se levantó con fuerza y su mirada se clavó en los ojos del decrepito anciano. Al instante una enorme ola cayó sobre ambos.
La gran fuerza de la corriente arrastraba al anciano por el suelo, mientras Mukamoto se sostenía en el lugar y quitaba las filosas de su cuerpo. Grandes heridas por todo el cuerpo, la sangre fluía con pujanza, pero seguía con vida.
El viejo se concentró un instante y logró verlo, a lo lejos, el enorme pez se aproximaba ágilmente hacia él. Con su filosa a lo alto mientras nadaba con fuerza. Intentó detenerlo, clavó sus manos en el suelo, pero la fuerza era demasiada, la corriente tiraba de él y desprendía sus huesos uno por uno. Los magullones aumentaban y su cuerpo se hallaba a solo centímetros del andador.
En ese momento una gran herida se abrió en su clavícula. El arma perforaba y abría un tajo en el cuerpo de Morian, quien gritaba, pero solo dejaba salir una burbujas y cero sonido. Su cuerpo se dio vuelta al instante, y allí estaba, Mukamoto lo observaba fijamente, sosteniendo su lanza en sus manos y observándolo por encima. Un movimiento, repentinamente una incisión se abrió en la pierna izquierda y tres de las espadas en sus manos cayeron en la superficie. El sonido de los gritos sufrientes eran nulos, pero en su rostro lograba verse su dolor, el viejo gritaba con fuerza adolorido por la herida, dejando caer sus armas mientras era golpeado y arrastrado por el suelo.
La corriente era cada vez más fuerte. El cuerpo e Morian giraba y giraba sobre si mismo, mientras a su lado corría Mukamoto quien golpeaba y atravesaba el cuerpo del enemigo. Tras ellos, la ola se tornaba roja, siendo contaminada por el fluido de sus heridas, marcando un camino que cada vez era más y más grande. Mukamoto dio un gran paso y de momento se adelantó al adversario, para entonces abrir sus manos, tomar al maldito y lanzarlo con fuerza fuera del agua.
La ola iba disminuyendo a medida que Mukamoto descendía. Morian se hallaba en el suelo, tendido y ensangrentado, derramando sangre a montones y con sus últimas filosas ya en el piso. Mukamoto caminaba lentamente hacia él. Su respiración casi no se notaba, y sus ojos ya no tenían vida. El pez se acercaba lentamente mientras su amo daba paso tras paso:
- Finalmente… - Decía Mukamoto – Finalmente es tu hora…
Mukamoto se colocó de pie delante de él y elevó su lanza con fuerza:
- ¡Muere!
Mukamoto lanzó el ataque. Segundos después trozos de hierro saltaban en todas direcciones. Morian, con una única espada en su mano respiraba hondo y temblaba de miedo, la lanza de Mukamoto estaba en pedazos, el viejo había logrado golpearla con sus últimas fuerzas antes de que acabara con su vida:
- Entonces aun tienes fuerzas… - Exclamó – O al menos tenías…
Mukamoto se agachó, tomó una de las filosas de su enemigo y luego de lanzar un grito de guerra realizó un rápido corte:
- Pero nunca me darías batalla con solo eso…
Dos trozos de carne enrojecida cayeron plenamente al suelo. Mukamoto lanzó un vistazo, el mutilado enemigo se encontraba en el suelo, ya sin una pizca de vida.

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