Kaurobo giró con lentitud su rostro. Mukamoto se hallaba detrás de él, lo observaba con furia y gritaba:
- ¡Maldito!
Una sonrisa, Kaurobo se burló un momento de su enemigo y dio la vuelta. Mukamoto frunció el ceño. De inmediato dejó colgar las siete espadas en su cuerpo, tomó dos de ellas y se lanzó al ataque. El filo del sable rozó el rostro de Kaurobo, quien dio un paso hacia atrás, alzó su pierna derecha y el momento pateo la nuca del enemigo.
El rostro de Mukamoto era velado en el suelo. La magnitud del golpe había hurgado una enorme herida, pero no frenaría tan corridamente. Mukamoto alzó la vista, Kaurobo lo miraba alegre, pensando que la batalla había acabado:
- ¡Aun no!
Mukamoto se elevó con fuerza y nuevamente una de sus filosas se lanzó hacia él. Kaurobo esquivó el ataque, contuvo su fuerza y lanzó un golpe. El puño del adversario acribillaba el pecho de Mukamoto, quien era arrastrado a la fuerza hacia atrás. Un paso, Mukamoto giró su brazo izquierdo y al instante uno de sus sables se alzó y se dirigió hacia Kaurobo.
Kaurobo se percató al momento, teniendo tiempo suficiente para detener el ataque, plasmar una enorme guadaña en su mano izquierda y segar el hombro del enemigo. Un líquido rojizo se revoloteó en el lugar y empapó el lugar. Kaurobo dio un salto hacia atrás. Mukamoto dejó de lado la herida y volvió al ataque.
Dos de sus espadas en mano, las demás colgando de él como si fueran barriletes que danzaban de un lado al otro. Dio un salto y lanzó un golpe. Kaurobo arrojó la mirada sobre él, para entonces materializar un enorme muro que bloquearía su movimiento en un abrir y cerrar de ojos.
Mukamoto dio un paso hacia atrás y levantó su rostro, una enorme edificación se alzaba en el lugar, dentro de ella, tras una enorme abertura en una de las habitaciones, Kaurobo reía por lo bajo y esperaba al enemigo. No podía resistirlo. Mukamoto dio un salto y de inmediato ingresó al lugar.
Al llegar, una enorme habitación de blanco, con tres entradas a la misma, adornado con grandes columnas del mismo material. Mukamoto tomó sus espadas y dio un giro, las cinco espadas en su cuerpo se movieron hacia Kaurobo, quien forjó una segunda Guadaña y bloqueó los ataques.
Mukamoto dio un paso hacia el costad, colocó toda su fuerza y lanzó un golpe. Su puño se acercaba a una velocidad y una fuerza bestial hacia él. Kaurobo realizó un extravagante meneo, se agachó por completo y apaleo al adversario. El cuerpo de Mukamoto salió lanzado por todo el lugar, chocando contra columnas y muros que bloqueaban su camino.
Se levantó al momento, Kaurobo corría hacia él, con ambas armas en sus manos y con la misma aterradora sonrisa de siempre. Mukamoto tomó con fuerza sus sables y corrió hacia él, los filos comenzaron a chocar al momento. Mukamoto lanzaba una avalancha de ataques sobre Kaurobo, quien bloqueaba cada uno de ellos con una simpleza desesperante.
Un golpe, el mango de una de sus guadañas impactaba en su abdomen, haciéndolo escupir un chorro de sangre que dejaría caer en las ropas de Kaurobo. Dio un giro, Kaurobo volteó a Mukamoto y nuevamente golpeo su cuerpo.
Mukamoto salió disparado contra la techumbre del lugar. Una nube de polvo y escombros de materia comenzaron a caer, junto a litros de sangre que brotaban del enemigo. Kaurobo dio un salto y subió al lugar, la siguiente habitación era exactamente igual a la anterior, con una pequeña diferencia; una enorme fosa que no dejaba ver su fondo.
Se arrimó hacia el adversario, quien se hallaba tendido en el suelo, con sus ojos bien abiertos y casi muerto. Kaurobo dejó salir una sonrisa, cuando entonces tomó al enemigo de sus cabellos y comenzó a caminar hacia la enorme y obscura fosa:
- Es tu fin, Mukamoto…
Kaurobo lo alzó en el aire y lo sostuvo sobre la fosa unos segundos:
- Hasta aquí llegaste… - Exclamó – No impedirás mi escapatoria…
Abrió sus manos y el cuerpo comenzó a caer al momento:
- ¡Muere!
Un enorme cilindro se materializó sobre la fosa y comenzó a caer en ella, con el único fin de abatir sobre el futuro cadáver de Mukamoto…

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