El cuerpo del Kumitzu voló por los aires hasta impactar contra un enrome muro que detuvo su trayectoria. De inmediato el herido abatió contra el suelo y el polvo del lugar se despejó:
- ¡Kumitzu! – Se oyó de inmediato, Touma se arrimaba rápidamente hacia su compañero, quien tendido sobre el suelo enseñaba su derrota
Touma, al ver la sangre rodeando a su preciado amigo, se lanzó a su lado y sus puños dieron contra el suelo. El cuerpo del Kumitzu estaba destruido, bañado en un tono rojo vivo que se esparcía por todo el lugar y provenía del desparejado torno de Touma, ya sin las piernas que antes lo ayudaban a moverse:
- No te culpes Touma… La batalla aún no acaba, tienes que hacerlo tú…
- Pero no puedo, no tengo el poder suficiente… - Decía Touma entre lamentos
- No debes preocuparte por ello... – Respondió el Kumitzu – Mis fuerzas aún están aquí y mi poder aún vive, aunque no por mucho tiempo…
- ¿Qué intentas decirme?
- Touma, yo te confío mi poder, no, tu verdadero poder… Yo te confío las llamas divinas que hasta el día de hoy has sabido utilizar...
- Espera, pero… Si lo haces tu vida acabará al instante, quedará sin energía por completo…
- Descuida, mi tiempo ha acabado… No queda nada más por hacer, esta es mi misión… Ahora importas tú… - Exclamó él – Debo irme…
- Espera… No te vayas aún…
- No hay tiempo, debo irme…
- ¡Espera…! – Gritó Touma desesperado, para entonces tomar los hombros de su compañero - ¡No te vayas…!
De inmediato grandes llamas verdosas comenzaron a expandirse por todo el lugar, haciendo arder en divinidad el suelo de aquel mundo astral. Touma lanzó un grito, y aquella pequeña sonrisa en el rostro del Kumitzu desapareció, entonces sus brillos se despojaron de aquel ultimo brillo:
- Adiós, Touma…
Touma fijó sus ojos en él y el cadáver quedó contemplado en sus brazos. Un paso atrás, Touma aterrizó el interfecto en aquella superficie en llamas y arrimó sus dedos a la katana que sus manos aún sostenían, para entonces alzar la frente y detener sus ojos sobre Nicolas, quien a varios metros de distancia lo seguía precisando pujantemente.

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