jueves, 20 de octubre de 2016

Energía X Revolution Capítulo 53: Las llamas divinas se expanden

El cuerpo del Kumitzu voló por los aires hasta impactar contra un enrome muro que detuvo su trayectoria. De inmediato el herido abatió contra el suelo y el polvo del lugar se despejó:
  • ¡Kumitzu! – Se oyó de inmediato, Touma se arrimaba rápidamente hacia su compañero, quien tendido sobre el suelo enseñaba su derrota
Touma, al ver la sangre rodeando a su preciado amigo, se lanzó a su lado y sus puños dieron contra el suelo. El cuerpo del Kumitzu estaba destruido, bañado en un tono rojo vivo que se esparcía por todo el lugar y provenía del desparejado torno de Touma, ya sin las piernas que antes lo ayudaban a moverse:
  • No te culpes Touma… La batalla aún no acaba, tienes que hacerlo tú…
  • Pero no puedo, no tengo el poder suficiente… - Decía Touma entre lamentos
  • No debes preocuparte por ello... – Respondió el Kumitzu – Mis fuerzas aún están aquí y mi poder aún vive, aunque no por mucho tiempo…
  • ¿Qué intentas decirme?
  • Touma, yo te confío mi poder, no, tu verdadero poder… Yo te confío las llamas divinas que hasta el día de hoy has sabido utilizar...
  • Espera, pero… Si lo haces tu vida acabará al instante, quedará sin energía por completo…
  • Descuida, mi tiempo ha acabado… No queda nada más por hacer, esta es mi misión… Ahora importas tú… - Exclamó él – Debo irme…
  • Espera… No te vayas aún…
  • No hay tiempo, debo irme…
  • ¡Espera…! – Gritó Touma desesperado, para entonces tomar los hombros de su compañero - ¡No te vayas…!
De inmediato grandes llamas verdosas comenzaron a expandirse por todo el lugar, haciendo arder en divinidad el suelo de aquel mundo astral. Touma lanzó un grito, y aquella pequeña sonrisa en el rostro del Kumitzu desapareció, entonces sus brillos se despojaron de aquel ultimo brillo:
  • Adiós, Touma…
Touma fijó sus ojos en él y el cadáver quedó contemplado en sus brazos. Un paso atrás, Touma aterrizó el interfecto en aquella superficie en llamas y arrimó sus dedos a la katana que sus manos aún sostenían, para entonces alzar la frente y detener sus ojos sobre Nicolas, quien a varios metros de distancia lo seguía precisando pujantemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario