Touma quedó embobado al ver la figura del Kumitzu, quien todo este tiempo lo había abandonado:
- Kumitzu… - Dijo Touma medio susurrando
- Quédate atrás, Touma… Yo me encargaré de este monstruo…
- ¿Por qué regresaste, Kumitzu? – Preguntó de inmediato – Pensé que ya no estabas aquí…
- ¿Realmente pensabas eso? Realmente te sobreestime… - Contestó el ser divino – No puedo abandonarte, yo soy la prueba de tu poder divino, soy el poder que ha salvado a miles de personas a lo largo de toda tu vida… No puedo dejarte porque yo dependo de ti, mi vida depende de ti…
- ¿Entonces…?
- Ya te lo dije, lo único que he hecho este tiempo es reaparecer cuando realmente necesitas de mi ayuda… Pero nunca podría abandonarte, sin más… - Explicó - ¡Ahora quédate donde estás!
- ¡Espera…!
Las palabras quedaron en el aire, el Kumitzu daba un paso al frente y se embalaba contra Nicolas. Un choque, ambas filosas impactaron de inmediato y una explosiva onda se expandió por todo el lugar. El Kumitzu dio un paso atrás y empuñó su sable con fuerza. Las llamas se alzaron en lo alto y el grito de guerra acompañó al ataque. La hoja de su espada era esquivada por el deforme ser oscuro, quien alzó su puño y de inmediato golpeo su rostro.
El Kumitzu salió disparado de inmediato, hasta finalmente acabar recostado en el suelo. Levantó la vista, Nicolas alzaba su brazo derecho y un abrasador rayo era lanzado hacia él. Un paso de lado. El Kumitzu esquivó el ataque, tomó su florete y de inmediato una gran llamarada verduzca se disparó hacia el ser, quien con tan solo elevar su filosa detuvo el golpe:
- ¡Te la devuelvo, maldito monstruo! – Exclamó el Kumitzu
Nicolas lanzó un vistazo, el puño en llamas de su adversario se arrimaba con fugacidad hacia él. De inmediato Nicolas dio la vuelta y evadió el golpe de su enemigo, quien cayó de manos sobre el suelo, fijó sus ojos en Nicolas y pateo y cuerpo con pujanza.
Bajó la vista, la pierna del Kumitzu, enrollada por las llamas divinas, impactaba contra el abdomen del ser y lo hacía retroceder al instante. Nicolas dio un paso hacia atrás y de inmediato el oponente se colocó de pie, tomó su espada y se lanzó sobre él. Nicolas, como desesperado, encumbró su sable con fuerza y las filosas volvieron a chocar, lanzando una segunda onda explosiva, haciendo estallar el mismísimo suelo y saltar millones de trozos de escombro en el aire.
Los jugosos ojos del Kumitzu se cruzaban con odio contra los del monstruo, quien continuaba el vistazo. Un golpe, la pierna de Nicolas dio contra el pecho de su enemigo, quién salió volando del lugar. Lanzó un ataque, de inmediato todo en lo alto comenzó a estallar y bolas de fuego comenzaron a caer. Nicolas bajó sus brazos aún con la vista en la cima:
- ¡Acabaré contigo! – Se escuchó de repente
Nicolas quedó sorprendido, el cuerpo del Kumitzu abatía contra el suelo, con su arma aún en mano y la esperanza en sus ojos. Un golpe, la espada se movió a una velocidad monsturosa y un gran tajo se abrió de lado a lado en el cuerpo de Nicolas, quien, enfurecido, tomó el cuello de su adversario, lo alzó en el aire y lo golpeó con fuerza, un chorro de sangre saltó de su boca y empapó el rostro de Nicolas.
La hoja de su espada contra el abdomen de Kumitzu, Nicolas soltó el cuerpo de su enemigo y lanzó el ataque. Un grito se oyó del otro lado de la habitación, las lágrimas de Touma comenzaban a caer. El filo del sable atravesaba completamente el torso del Kumitzu, su cuerpo se dividía en dos y al instante salía embalado de su posición actual.

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