La caja materializaba sobre volaba los cielos. La fortaleza del segundo se hallaba a tan solo unos par cientos de metros. Touma, de brazos cruzados y con la frente en alto, de pie en el enorme cubo volador, dirigía el trayecto:
- Es hora…
Touma alzó la vista:
- ¡Prepárense! ¡Es hora – Gritó Touma
En el momento la parte inferior de la magna caja cayó de inmediato, los guerrilleros abatieron contra el suelo y de inmediato armaron carrera al frente. Los añoñes en alto, el fuego se preparaba para el primer ataque y el grupo se organizaba en el lugar. La caja seguía su camino:
- ¡Disparen!
Un primer cañonazo estalló en el lugar y una nube de humo se alzó en el cielo. El primer ataque, llevado por el ejército guerrillero, había dado contra una de las paredes, arrancando miles de trozos del lugar, abriendo un inmenso hueco en la fortaleza. De inmediato, un gran grupo de soldados oficialistas comenzó a salir de la puerta principal y formar un enorme muro de seres oscuros que protegía el lugar.
Touma lanzó un vistazo, de ellos se trataba, aquellos guerreros con quienes había combatido anteriormente a Ritter. Una pequeña sonrisa dibujó Touma en su rostro. La habitación media del cubo cayó de inmediato, y, acompañada de una gruesa capa de polvo, decenas de seres alzaron sus garras y se embalaron contra sus adversarios. Ambos grupos chocaron entre sí y en el momento el lugar se transformó en un verdadero baño de sangre.
Las explosiones seguían llegando desde ambos lados, grandes llamaradas comenzaban a azotar la zona y los cuerpos caían uno por uno, era una revolución, una batalla por la libertad en su máximo esplendor:
- ¡¿Listos?! – Se oyó de inmediato - ¡Vamos!
Touma alzó su espada en alto y dos enromes puentes se plasmaron desde la caja e impactaron contra la fortaleza, abriéndoles paso a los guerrilleros para entrar al lugar y acabar con todo lo que protegiera el nombre de aquella “monarquía absolutista”.
Los guerreros dieron un paso al frente y al instante comenzaron a correr hacia el lugar, soltando un enrome grito que retumbaba en el lugar. Touma tomó su espada, dio un salto y encabezó al grupo. Todos comenzaron a ingresar por los enromes huecos en la estructura. Touma levantó la vista, Ritter se hallaba allí, en la sala principal, sentado con la espalda recta y la vista firme:
- ¡Dispérsense! ¡Acaben con todos! ¡Yo me encargaré de él! – Exclamó Touma
De inmediato, el grupo de guerrilleros se dividió en dos y la sala fue completamente abandonada, exceptuando a Touma y a Ritter, quienes, con miradas fijas entre sí estaban a punto de lanzarse al combate.

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