Las banderas rojas se arrojaron a la batalla. El grito de guerra se alzó en el cielo y las garras de los seres se abrieron de inmediato. Touma, Adham y Augusto mantenían la vista en alto y observaban por encima:
- Touma… - Dijo Augusto – Necesito que te lances al ataque, acaba con cualquier enemigo que logres interceptar, estate atento de cualquier situación, tu mayor prioridad es mantener seguros al resto…
- Bien…
- Adham, tú deberás encargarte del dirigente de las fuerzas, Boris… Sin tener un cabecilla sus fuerzas se desorganizarán, aprovecharé el momento para ingresar a la fortaleza…
- Entendido… - Respondió Adham
- Nicolas dirigirá a las fuerzas cuerpo a cuerpo, los demás seguirán en su posición… Todo va según lo planeado… - Dijo él - ¡Vamos! ¡Ahora es nuestro turno!
Ambos se dejaron caer y abatieron contra el suelo, para entonces separarse. Touma abrió ambos ojos, decenas de largas y gruesas tiras negruzcas se materializaron detrás de su espalda y se alzaron en lo alto, para entonces dispararse contra el batallón. Touma dio un paso al frete y comenzó a correr hacia el combate, donde, seres oscuros batallaban por la libertad de su pueblo.
Mientras tanto, adentrándose en el combate, Nicolas asesinaba a cada enemigo en su camino. Los cuerpos caían en el suelo y el grupo de las banderas rojas seguía avanzando, derrotando al oficialismo a pesar de la enorme diferencia de combatientes.
El pabellón seguía su camino, ambos bandos perdían hombres en el camino. Nicolas, quien dirigía el combate, se detuvo un momento y lanzó una sonrisa:
- ¡Es el momento de acabar con estos malditos! - Dijo él, para entonces tomar un enorme basilisco que portaba tras su espalda
Nicolas tomó el arma, la colocó en sus brazos y presionó el gatillo. De inmediato una bola de energía comenzó a formarse en la punta:
- ¡Vamos! – Exclamó con fuerza
La bola salió disparada contra la fortaleza, la cual se hallaba a no más de veinte metros de distancia. El disparo impactó contra el muro delantero y una enorme montaña de fuego se alzó en el aire. Los escombros comenzaron a volar por doquier y las llamaradas se abrieron paso. Los soldados oficialistas lanzaron un vistazo, dando un momento a los guerrilleros para cometer contra ellos. La sangre comenzó a saltar por todos lados. Los cuerpos de los soldados se acumulaban uno sobre otro, formando pequeñas montañas.
Nicolas volvió la vista cuando notó que era observado. Lanzó una rápida mirada. Boris, cabecilla del ejército oficialista, se hallaba a tan solo centímetros de él, apuntando su enrome lanza contra su cuerpo y casi logrando tocarlo. Nicolas dio un paso hacia atrás, estaba perdido, sabía que él moriría, pero nada podía hacer, o al menos eso pensaba.
De repente un bastón de maderas se posicionó frente al filo de la lanza, bloqueando el camino y desviando a Boris de su objetivo principal, Nicolas.

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