Touma corría con rapidez por el lugar. Los centenares de brazos negros que se extendían desde su lomo hacían volar a sus enemigos, castigándolos plenamente y al momento. Una espada descansaba en su mano derecha y atravesaba a cada oficialista que se cruzara frente a él.
Los cadáveres se iban apilando poco a poco. Cientos de guerrilleros luchaban contra sus adversarios y se lanzaban contra un enorme ejército formado por millones de oficialistas que daban su vida por su referente.
Las garras rasgaban a sus contrincantes y bolas de fuego caían del cielo, disparadas por grupos de opositores que por detrás de las altas montañas enseñaban su armamento y despegaban misiles contra los combatientes. El fuego arrasaba con todo en el lugar y la batalla continuaba. Los cuerpos se incineraban a la par de las danzantes llamas, pero ninguno de los dos bandos daba paso atrás.
Augusto daba grandes pasos, castigando a todo oponente visible y siguiendo su carrera al objetivo, manteniendo, a la vez, la visa sobre él: la fortaleza en llamas, huecos por donde entrar y un pase libre a el primer paso de liberación de la nación.
Dio un gran salto, sus garras se estancaron sobre el muro y de inmediato comenzó a escalar con sus brazos. Alzó la vista, un oficialista se dirigía rápidamente hacia él, con un arma en su mano y sus garras bien abiertas. Augusto se colocó de pie, tomó la bandera y, con el mástil, golpeo la frente del enemigo, haciéndolo caer. Un pie en su lomo, la punta en lo alto y un segundo bastó para atravesar el caño contra la garganta del ser. Un chorro de sangre saltó sobre su cara.
Augusto levantó sus ojos. Allí estaba, el tercer mando de la nación, Floy De Lorenzo. Augusto no puedo impedirlo y de inmediato trazó una sonrisa en su rostro:
- Floy…- Dijo en voz baja, el mando dio una vuelta y lanzó nunca sonrisa - ¡Vengo a acabar contigo, Floy!
Un paso al frente, Augusto tomó su bandera y se disparó contra su adversario, lanzando un gran grito de guerra y con su vista pegada en él.
Al mismo tiempo, en el campo de batalla, Adham había logrado salvar a Nicolas, quien, algo molesto, miraba de reojo al pactado:
- No deberías ser tan desprevenido, Sr. Fundador… - Exclamó Adham, para entonces tomar su batón y colocarse en posición
A unos metros, Boris, se colocaba de pie y demostraba su furia con una mueca.
- ¡¿Acaso te crees gracioso?! – Preguntó Boris - ¡Acabaré contigo, maldito!
- ¡Espera! ¡Tú adversario soy yo, imbécil! – Exclamó Nicolas para entonces interferir en su camino

No hay comentarios:
Publicar un comentario