jueves, 21 de mayo de 2015

Mi alma en pena “2nd” Capítulo 11: ¿Eres tú?

Asustado, Tomas largo otro puñetazo hacia el rostro de Kazuki, este lo esquivo y rápidamente lanzo a Tomas metros hacia atrás
_ No dejare que toquen ni un pelo de Tora…
Tomas, aun furioso, se lanzó sobre Tomas y comenzó a lanzar golpes rápidos, los cuales Kazuki podía esquivar con facilidad. Kazuki, cansado de evadir golpes que no lograban ni tocarlo, lanzo su puño fuertemente, impactando contra el rostro de Tomas y dejándolo de rodillas en el suelo, con un ojo morado y su nariz media rota.
Kazuki se acercó a Tomas, en sus ojos se podía ver una llama corriendo, era la emoción de la pelea, el ya no era Kazuki.
_  ¿Realmente tu eres el supuesto “Dios de los puño”? Me das risa… – Exclamo Kazuki mientras caminaba hacia Tomas
Tomas, se levantó y rápidamente comenzó a lanzar otra enrome lluvia de puñetazos, pero aun no lograban tocar a Kazuki. Kazuki largo una pequeña risa e instantáneamente su pierna se elevó, pateando a Tomas y lanzándolo contra una pared de concreto, para luego lanzarse sobre él y comenzar a golpearlo una y otra vez.
El suelo estaba cubierto de rojo, al igual que los nudillos de Kazuki. La pelea había acabado, pero la escalofriante sonrisa de Kazuki seguía allí. El cuerpo de Tomas parecía haber sido rebanado con un cuchillo de carnicero, estaba vestido de rojo y apenas lograba mover su mano.
Yo estaba temblando, no podía creer lo que acababa de ver ¿Realmente él era humano? El chico, al igual que Kazuki, observaba el cuerpo de su amigo, pero no borraba aquella horrible expresión de su rostro, la expresión de un asesino
_ Oh vaya… Debí haber sabido, aunque realmente no me esperaba esto de tu parte… – Explico el chico refiriéndose a Kazuki
_ La próxima será mejor, que si intentas dañar a mis amigos, al menos traigas a alguien que por lo menos valga la pena… – Exclamo Kazuki mientras limpiaba la sangre de su mano
_ Lo tendré en cuenta… – Respondió el chico mientras se daba la vuelta – Hasta entonces… – Dijo finalmente mientras se alejaba
“No diré nada” “No creo que convenga decir algo” Me decía, aun impactado… “Solo me callare y seguiré mi camino”

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