La gran puerta se abrió inesperadamente, tras ella, varios soldados del Infarmento comenzaron a entrar en la sala donde el cabecilla se encontraba. El grupo de soldados comenzó a arrimarse hacia su jefe lentamente hasta finalmente encontrarse frente a él:
- ¿Qué quieren? – Preguntó el regente
- Señor, disculpe la interrupción, necesitábamos darle un mensaje lo antes posible - Exclamó uno de los soldados
- ¿De qué estás hablando?
- La base ha sido invadida…
- ¿Invadida?
- Así es, por un escuadrón terrícola – Explicó el soldado – Al parecer es el escuadrón al que Ebisawa pertenecía antes de llegar
- ¡¿El escuadrón de Ebisawa?, sabía que algo no estaba bien con ese chico! – Exclamó - ¡Alerta a todas las tropas, todos a sus puestos! ¡No los dejen entrar a la base! ¡No me importa cuántos soldados pierdan, imposibiliten su paso!
- ¡Bien!
Los soldados dieron la vuelta y se retiraron de la sala rápidamente:
- ¡Mierda! – Gritó el hombre – ¡Si realmente es el escuadrón de Ebisawa significa que Hamada se encuentra aquí! – Rápidamente se levantó de su trono y se colocó de pie, para entonces caminar hacia la enorme puerta y abrirla inmediatamente – Si Hamada se encuentra aquí significan miles de muertes, los soldados no podrán con ellos… Tendré que enviar a todos…
El dirigente cabeza caminaba por un inmenso pasillo, una alarma sonaba constantemente y los soldados corrían rápidamente por todos lados, el lugar se había convertido en un verdadero caos. El hombre siguió su camino un par de metro y se encontró finalmente frente a una puerta de aceró, la cual abrió con fuerza.
Una sala enorme, con una gran mesa redonda al medio y en ella cinco de los miembros más fuertes del Infarmento, las cinco calaveras rojas:
- ¡Escuchen todos! ¡El escuadrón al que pertenecía Ebisawa está arremetiendo en la base! ¡Encárguense de ellos!
- ¡Entendido!

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