La ira me consumió completamente, me levante de un salto, tomé una de mis cuchillas y de un gran paso salí lanzado contra el conjunto, el cual comenzó a disparar una y otra vez. Las balas impactaban contra el suelo mientras yo las esquivaba con suma agilidad, di un salto, el filo de mi arma atravesó el pecho de unos de ellos.
La sangre comenzó a derramarse, yo di un gran paso y golpe a uno de ellos, para luego dar la vuelta y notar que dos o tres oponentes se acercaban a mí. No duraron ni un segundo, sus cuerpos se encontraban mezclados con los cadáveres de las demás víctimas.
Mi cuerpo empapado en sangre seguía en pleno movimiento mientras mis filosas cortaban a todo aquel a quien llamaban enemigo.
Los gritos y lágrimas de las personas hacían tronar el lugar, haciendo moverme más rápido cada vez y preguntarme a mí mismo ¿Cómo podían estar suplicando luego de acabar con tantos inocentes? Eran monstruos, y lo peor, yo no estaba muy lejos de ello.
Gire mi rostro, ellos caían poco a poco, ya no faltaba mucho, y los pocos que quedaban se encontraban inmersos en un baño de sangre, temblando y observándome fijamente y repletos de miedo.
De repente sentí un fuerte impacto en mi pecho, levanto la vista, era uno de ellos, él había golpeado mi cuerpo con demasiada fuerza un hilo de sangre caía de mi boca, no era como los demás, el no temblaba, se divertía, el no utilizaba arma de fuego, su cuerpo era su propia arma, un aura de inmortalidad lo rodeaba.

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