jueves, 24 de septiembre de 2015

CMCA? “2nd” Capítulo 3: Revelación

  • Disculpa… Tu eres Jimmy… ¿Cierto?
Gire mi rostro, una hermosa chica se encontraba detrás de mí:
  • Así es... – Respondí – ¿Porque preguntas?
Su cara se enrojeció al instante, bajo la mirada y su cuerpo comenzó a temblar:
  • ¡Por favor, sal conmigo! – Clamó con fuerza
Todo el salón quedo en silencio y rodearon la escena, dejándome sin salida alguna. No sabía que responder, nunca me había pasado algo semejante. Los nervios me consumían, ella se encontraba a tan solo unos pasos, observándome persistentemente:
  • Cla… Claro… - Respondí inseguro – Saldré contigo…
Su cara se llenó de felicidad, una enorme sonrisa comenzó a brotar en su rostro:
  • ¡¿Enserio?! – Exclamo para luego lanzarse sobre mí y juntar mis manos con las suyas, yo me aleje un par de pasos - ¡Gracias!
La habitación se sumergió en un ruidoso y molesto ambiente, todos nos miraban y gritaban cosas como; “Felicidades” o “Sean felices juntos”.
El recreo acabo y cada uno volvió a su asiento
  • Te esperare a la salida… - Indicó ella antes de tornar a su butaca
El profesor entró en la sala y me coloqué en mi lugar. En ese momento me di cuenta de lo que  había pasado, no había tenido tiempo de pensar en lo que había sucedido; ¡Iba a salir con una chica! ¡Una chica hermosa se había confesado a mi persona!
No podría creerlo, era imposible, pero tan real a la vez, y nuevamente una pregunta llego a mi cabeza; ¡¿Quién rayos era ella?! Nunca la había visto, seguramente habría sido transferida algún día que no hubiera venido a clases, pero entonces ¿Por qué mierda había aceptado salir con ella?
Un trozo de papel golpeo mi brazo, levante el rostro, Tomas realizaba extrañas señas con sus brazos, diciendo que era él el emisor del envío. Abrí el mensaje;
  • ¿Porque aceptaste? – Escribía el recado
¡No lo sé! Siquiera entendía yo porque lo había hecho, era obvio que él tampoco lo aria. Esa pregunta me estaba consumiendo, No lograba entenderlo. Di vuelta mi rostro, uno dos y tres golpes contra el muro me harían reaccionar, o al menos era o que suponía, pero solo había logrado abrirme una herida en mi cabeza.
Asenté mi mejilla contra mi escritorio, suspire y por un momento logre tranquilizarme, ya habría tiempo para pensar en todo aquello, después de todos no podría cambiar lo sucedido.

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