Touma abrió los ojos y alzó la mirada, se encontraba en un escenario totalmente obscuro, silencioso, al cual, después de unos segundos, logró reconocer como el mundo astral:
- ¡Levántate! – Dijo una voz por detrás de Touma
Este giro su rostro, Kumitzu lo observaba fijamente, con la cabeza bien en alto y llamas verdes que como siempre, lo hacían quien era:
- Kumitzu… ¿Qué hago aquí? – Preguntó Touma confundido
- ¡Levántate he dicho!
Touma colocó sus manos en el suelo y se elevó muy pesadamente, la mirada acusadora del erudito lo perseguía:
- Me has defraudado… - Exclamo el Kumitzu
- ¿Que quie…?
Alcanzó a pronunciar Touma, antes de que un cortante sonido se produjera y su vientre se perforara, una espada atravesaba su cuerpo, el Kumitzu lo había apuñalado:
- Has sido vencido… has sido vencido aún con mi poder…
- ¿Qué estás diciendo?
- Caíste, ahora has muerte y mi nombre ha sido manchado por tu desesperación… No mereces mi poder
- ¿Muerto? – Repitió Touma
Touma sintió un vacío en tu interior:
- Te prohíbo utilizarme, desde ahora deberás luchar por tu cuenta…
El cuerpo de Touma cayó de rodillas al suelo, su boca se abrió de una manera impresionante y un líquido verduzco comenzó a caer de ella y de sus cuencas:
- Adiós, Touma…

No hay comentarios:
Publicar un comentario