Escombros comenzaron a caer por todo el suelo, el polvo comenzó a esparcirse lentamente. El techado de la edificación había sido arrancado, los ruidos fuera de él se escuchaban claramente, disparos, gritos y explosiones.
De repente algo se asomó por el techo, un enorme Torem caminaba libremente, parecía haber sido el culpable de la capota. Touma retrocedió unos pasos y tomo su pistola, pero Mizuki se interpuso de inmediato y colocando la palma de su mano en el suelo un gran Mizaru se difundió y una espesa niebla se irradia por la habitación.
Pasaron un par de segundos hasta que la niebla finalmente desaparece. Un enorme oso se encontraba frente al monstruo. Era un Torem, el Torem que Mizuki había invocado en la pelea con Yu, la batalla en la que Kou y este habían acabado contra el Cuervo.
- ¡Debemos escapar ahora! – Grito Mizuki mientras quitaba la palma del suelo y daba la vuelta – Este lugar es demasiado peligroso
- .. – Respondió Touma – ¡Vamos, todos corran hacia la nave!
En ese momento todos dieron la vuelta y dieron un gran salto para comenzar a bajar las escaleras. Tenma, Ryu, Joker, Mukamoto, Mizuki y ambos Jefes corrían rápidamente detrás de Touma.
Luego de varios minutos, Touma y los demás se encontraban fuera de él edificio, pero el lugar no parecía ser mucho más seguro que dentro. Los disparos iban y venían a gran prontitud, litros de sangre saltaba en el aire de un absurdo y modo. Touma dio vuelta su rostro, a unos cuantos metros, Claudio se hallaba masacrando a una multitud de seres que lo atacaban con espadas y cuchillas de gran tamaño y que penetraban en su piel, aunque esto no le causaba mucho daño
- ¡Tenma, ayuda a Claudio! – Ordeno Touma – Nosotros seguiremos, cuando acaben vuelvan a la nave…
- Bien
Tenma se alejó del grupo y tomando su rifle corrió al rescate del gigante
- ¡Sigamos!
El escuadrón H (Acompañado de Mizuki y ambos Jefes) siguió avanzando unos minutos hasta que posteriormente se hallaron en la nave. Rápidamente entraron, fuera era una pesadilla, casi el mismísimo infierno, pero dentro toda la desesperación y la crueldad desaparecía por un momento, claro, hasta que volvían a recordar la sangre y los cadáveres saltando por todos lados

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