El camino se hiso eterno, el silencio reinaba en el ambiente, haciendo la situación aún más vergonzosa de lo que ya era.
La enorme puerta que nos daba paso estaba frente a nuestros ojos, di un paso hacia adelante para poder entrar, miles de pinturas abstractamente hermosas se lograban ver. Ella aún seguía incomoda, con su cabeza aun encorvada y sus manos juntas
_ Gracias, por venir – Exclame yo, acabando con ese infernal silencio que nos rodeaba
Ella me miro retraídamente y sonrió con sus mejillas sonrojadas
_ Y…Yo soy la que tendría que estar agradecida, estoy muy contenta por poder estar aquí – Expreso Mei, entrando un poco más en escena
Mi corazón estallo al escuchar esas palabras, nunca antes nadie me había dicho algo semejante.
A medida que caminábamos las pinturas se volvían más hermosas y más extrañas a la vez, pero el recorrido ya estaba por terminar
_ ¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? – Pregunte sin quererme alejar de ella
Ella me miro sorprendida
_ ¿Enserio quieres acompañarme? – Respondió Mei
_ Claro que si – Respondí con una sonrisa
Un ligero viento revolvió su cabello y ambos comenzamos a caminar lentamente por la vereda.

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