Al día siguiente me encontraba en mi cama, como si nada hubiera pasado. Mi madre se encontraba en mi habitación
_ ¿Qué sucedió? – Pregunte confundido
_ Estabas inconsciente, ayer a la salida de la escuela llamaron a casa, estabas muy golpeado – Respondió ella mirándome fijamente
En ese momento recordé todo
- Intente defenderla, pero al final la que me defendió fue ella, soy patético – Me decía yo
_ Hoy tendrás que quedarte en casa, no podrás salir a la escuela, tu ojo sigue hinchado – Dijo mi madre mientras se alejaba del lugar
Yo me recosté, cerré mis ojos y luego de unos minutos me quede profundamente dormido.
Luego de unas horas descansando me desperté y fui a la cocina por un vaso de agua. El suelo de la sala estaba helado, al igual que mis manos. Entre a la cocina y tome un vaso, lo llene de agua hasta el tope y lo tome hasta no dejar ni una gota en él.
Di la vuelta para regresar pero en ese momento sentí que alguien tocaba a la puerta. Instantáneamente gire y camine hasta ella para ver quien se encontrara detrás de ella. Tire del picaporte y lentamente abrí paso hacia mi hogar. Mi corazón se comenzó a acelerar, no lo podía creer, que detrás de aquella puerta se encontrara ella
_ Pe...Perdón por molestar, Soy Mei Fukuzawa, voy a tu mismo curso, soy la chica que defendiste el otro día – Explico ella
Yo quede inmóvil, mi corazón se detuvo por un segundo
La chica agacho su cabeza y estiro su brazo hacia mí, sosteniendo una caja llena de varios chocolates
_ Gracias por defenderme, realmente te agradezco por lo que hiciste
_ No fue nada… - Respondí yo con un tono cortante, aunque esa no hubiera sido mi intención
Mei elevo su cabeza, sus mejillas estaban sonrojadas, se veía hermosa
_ S… Si hay algo en lo que pueda ayudarte, ¡Solo dímelo! – Grito fuertemente para luego comenzar a correr lejos del lugar
- ¡Es mi oportunidad!, ¡No la puedo dejar ir!, ¡Si no lo hago lo lamentare! – Me decía yo intentando tomar coraje
Mei se alejaba lentamente, pero aun no era tarde, ¡Podía hacerlo!. Mi cabeza comenzó a dar vueltas, mis manos comenzaron a temblar y mis pies no se quedaban quietos
_ ¡Sal conmigo! – Dije finalmente, y aunque mis palabras se habían escapado de mi boca, estaba feliz de haberlas dicho , ahora todo dependía de lo que pasara a continuación

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