Al día siguiente cuando me desperté agarre mi mochila y tome rumbo hacia la escuela, acompañado nuevamente del gato negro que siempre estaba allí. Era un día frio, podías ver tu respiración en el aire cuando soplabas. La lluvia de la noche anterior había dejado grandes charcos en la vereda por la que caminaba.
Luego de varios minutos caminando llegue a la escuela e instantáneamente entre a mi curso. Ruidoso y molesto, siempre era así en aquel lugar, aunque realmente a mí no me importaba, de todos modos lo único que hacía era lo mismo de siempre, trazar dibujos con mi lápiz de grafito.
Al terminar la primera clase toco el timbre y el recreo comenzó, yo estaba allí, esperando, con la esperanza de que ella volviera a hablarme como había sucedido ayer, pero no. Pasó el recreo, luego el segundo y finalmente el tercero, pero ella nunca apareció. Una lagrima intentaba escaparse de mi ojo, pero no podía, mi yo interior no me lo permitía. Siempre había estado solo, entonces, ¿Porque me sentía tan triste? Después de todo siempre era así.
Las clases terminaron y todos salieron rápidamente del curso para regresar a sus casas. Yo me levante lentamente del banco, intentaba esconder todo el dolor que sentía mientras me colocaba mi abrigo. Mire por la ventana, una gran lluvia me esperaba afuera, intentando empeorar todo.
Salí del curso y baje por la escalera, pero cuando llegue a la entrada principal escuche algo que llamo mi atención. Di la vuelta, era ella, sus lágrimas empapaban el frio y seco suelo. Quede inmovilizado, observándola fijamente durante unos segundos, sin decir una palabra. Ella levanto la mirada y me miro al rostro, las lágrimas hacían brillar sus grandes y hermosos ojos
_ ¿Te encuentras bien? – Pregunte con un bajo tono
Ella quedo callada, pero su silencio lo dijo todo. Sus hojas estaban totalmente rotas, al igual que su mochila, ¿Cómo alguien podía molestar a tan preciosa chica?
De repente escuche unas voces que venían desde afuera, tres chicos de nuestro mismo curso se alejaban riendo, no entendía como, pero savia que habían sido ellos. Rápidamente salí afuera, la lluvia golpeaba en mi rostro, empapando me hasta los talones, pero no me importaba, no podía dejar que esto pasara así como si nada.

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